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[Foto extraída de railtravelcenter]

Al norte de Finlandia se encuentra la región de la Laponia finlandesa. Pese a su escasa densidad poblacional, que representa el 3.6% de la población del país, no debemos dejar engañarnos. Su peculiar realidad cultural y geográfica hacen de ella uno de los parajes occidentales más exóticos y sorprendentes.

Sus habitantes constituyen una de las más antiguas civilizaciones, Los Sami. De espíritu nómada, en la actualidad gozan de un reconocimiento oficial de sus tradiciones y lengua, al punto de poseer un parlamento propio, el Consejo Nórdico Sami. Su economía se basa especialmente de la artesanía, la cría del reno, caza y pesca.

La capital de la región es la ciudad de Rovaniemi, considerada la puerta de Laponia. Es una ciudad universitaria que alberga la universidad más septentrional de la Unión Europea. Si bien desperdigados por toda Laponia encontramos lagos de extraordinaria belleza, a sólo 50 km. al norte de Rovaniemi veremos el lago Perunkajärvi, el más visitado por los turistas.

Entre las otras ciudades importantes tenemos a Kemijärvi en donde encontramos la última estación de tren que lleva pasajeros hasta Helsinki. Tornio alberga una de las más antiguas construcciones que sobrevivió a la segunda guerra mundial: una iglesia de madera del siglo XVII. Y Kemi, a orillas del Mar Báltico, que posee un impresionante templo luterano de inicios del siglo XX, y es famoso por construir anualmente el castillo de nieve más grande del mundo y poseer el rompehielos Sampo, el único que transporta pasajeros. Después de éstas, no existen poblaciones que supere el puñado de casas.

Sin embargo el principal atractivo de Laponia son sus paisajes naturales. Contiene varios parques naturales, como el Urho Kekkonen, uno de los mayores del país, lindante con la frontera rusa, o el Lemmenjoki, atravesado por el río del mismo nombre, en el que podemos encontrar buscadores de oro, una de las aficiones de los lugareños.

Según la estación del año, la región nos regala sorprendentes fenómenos naturales. En invierno, cuya temperatura pueden llegar hasta los menos 30º, podemos ser testigos de las auroras boreales, conocidas como “fuegos de zorro”. Las creencias nos dicen que son los lobos de la zona quienes crean estas luminosidades en las noches laponas al mover con furia sus colas blancas. Otro fenómeno en el cielo, esta vez en sus tibios veranos, es el conocido como el sol de media noche: un sol que nunca desaparece y que juega con los espectadores al descender y antes de ocultarse volver a salir.

No puede perderse el visitante el canto lapón, conocido como “yoik”, que no necesita más instrumentos que la laringe; y si se va con niños, obligada es una visita a la residencia oficial de Papá Noel, en Rovaniemi.

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