ciudad_rodrigo_escudo.jpgEn Salamanca, en el corazón de Castilla y León, a sólo 20 kilómetros de la frontera con Portugal, se levantan las murallas que encierran y protegen a Cuidad Rodrigo.
Su situación privilegiada la ha hecho vivir activamente la historia y los acontecimientos que desde su fundación tuvieron lugar en la región. Así, pues, no debe extrañar descubrir testimonios culturales e históricos de lo más diversos, desde vestigios pre-históricos como dólmenes o grabados rupestres en cuevas hasta los más recientes testimonios que sus muros aún conservan las huellas de la Guerra de Independencia contra Napoleón a inicios del siglo XIX.
El hecho de limitar con Portugal ha marcado su historia. En medio de los devaneos fronterizos, fue defendida tanto por caballeros portugueses o castellanos hasta que Isabel de Castilla, en el siglo XV, la ganó para su territorio y convirtió a Ciudad Rodrigo en uno de los tres puntos fuertes que custodiaban sus fronteras. Fruto de esto es la fortificación de la ciudad y su estructuración básicamente defensiva. Su posición geográfica, también, en el siglo XVI, dotó a la ciudad de una importante influencia de la comunidad de judía que había convertido Ciudad Rodrigo en punto clave en su ruta de hacia el exilio.
El visitante, al adentrarse en sus callejuelas medievales, podrá ser testigo de excepción de uno de los principales conjuntos histórico artísticos del oeste castellano. La ciudad guarda innumerables y destacados inmuebles declarados BIC (Bien de Interés Cultural), como el Castillo de Enrique II de Castilla, mandado construir por el rey Enrique II Trastámara en 1372, o su Catedral de Santa María de estilo románico-gótico, sus 2 kilómetros de murallas del siglo XII que protegen la ciudad, el Palacio neo-gótico de la Marquesa de Cartago, la Casa del Primer Marqués de Cerralbo, en la Plaza Mayor, que data del siglo XVI, y su misma Capilla, el Ayuntamiento, entre tantos otros edificios concentrados todos en un mismo lugar, que harán de nuestra visita un acierto.
De otro lado, la riqueza gastronómica de la zona harán las delicias de los que aprecian la comida tradicional. No se debe pasar por Ciudad Rodrigo sin probar su farinato, un embutido elaborado con miga de pan, grasa de cerdo, pimentón y especias, sus patatas meneás, su chanfaina y su hornazo. En cuanto a postres, destacan su bollo maimón, pastel típico, y el repelao.
Si, finalmente, visitas Ciudad Rodrigo no te debe extrañar presenciar alguna de sus numerosas fiestas tradicionales, por ejemplo, la fiesta de San Sebastián, del 20 de Enero, o la de San Blas, del 3 de Febrero, la Charrada en Sábado Santo, el festival más importante de folklore charro, el Lunes de Aguas, el primer lunes después de Pascuas, cuando todos disfrutan del típico hornazo en el campo, el Martes Mayor, el segundo martes de Agosto, cuando Ciudad Rodrigo se convierte a algo parecido a un mercado medieval, o la Feria del Teatro, en la última semana de Agosto. Aunque su fiesta principal sea la Fiesta o Carnaval del Toro, antes de Cuaresma, encierros a caballo, a pie, corridas, capeas, etc., en una fiesta de la que se tiene testimonio desde el siglo XV.

Visita Ciudad Rodrigo y sumérgete en su cultura.

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* Foto de Reino de León, usuario Panoramio.

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Las Líneas de Nazca son más de 30 geoglifos de diferentes tamaños –el más grande mide 185 metros y el más pequeño encontrado hasta hoy mide 3 metros de diámetro. Estos sorprendentes dibujos se encuentran regados en una extensión de terreno de casi 50 Km. de largo por 15 de ancho, que se conoce como las Pampas de Nazca.

Las Pampas de Nazca son concideradas en la actualidad Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO y la conforman cuatro pampas: la pampa Palpa, Socos, Nazca e Ingenio, localizadas entre los kilómetros 419 y 465 de la carretera Panamericana Sur.

Las sorprendentes obras que guarda sólo pueden ser observadas desde 1500 pies de altitud. Es entonces cuando Las Pampas de Nazca se nos antojan como un inmenso tablero lleno de líneas rectas, anchas, angostas y de diferentes longitudes, que se cruzan de diversa manera y atraviesan un inmenso cuadrilátero a modo de una red de pesca gigantesca; en medio de estos dibujos geométricos intrigantes, veremos las populares figuras antropomórficas, zoomórficas y fitomórficas que dan que hablar en todo el mundo.

A estas alturas una de tantas preguntas que invadirán nuestra cabeza será: ¿Cómo es posible que estas imágenes se conserven intactas e imprecederas con el paso de los siglos, teniendo en cuenta que los más recientes estudios datan las líneas más antiguas al rededor del siglo V a. C.?

Para empezar, la región favorece su mantenimiento ya que es una de las más secas del mundo, con un promedio de lluvia de media hora cada dos años. La perenne visibilidad de los geoglifos se debe a que el suelo está conformado por dos capas: una superior de un color marrón-verduzco proporcionado por sus pequeñas piedras y con niveles de yeso que, gracias al rocío de la mañana, se endura; bajo esta capa se encuentra otra capa más bien amarillenta, que es la que resalta sus trazos. Las Líneas de Nazca son, pues, ligeras hendiduras en el suelo de no más de 30 centímetros de profundidad, favorecidas por la ínfima lluvia y humedad de la zona. Además, otro factor importante que beneficia el asombroso fenómeno de perduración de las obras más famosas de los Nazcas es que el movimiento del aire disminuye de a pocos centímetros del suelo, formando un colchón de aire caliente que proteje las figuras de los fuertes vientos.

 

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Su misterio

* Foto de Markotepek, usuario Woophy.

 

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Las líneas de Nazca fueron descubiertas por el científico Paul Kosok el año 1936, quien guiado por rumores de la existencia de misteriosas líneas en el desierto en la zona sur cercana a Lima -rumores que por cierto a ningún arqueólogo hasta entonces había interesado ya que la atención la centraban los grandes monumentos incaicos o pre-incaicos, las ciudadelas y fortalezas-, comenzó a recorrer las líneas, a limpiarlas, a trabajar a escala hasta que descubrió en sus bocetos y apuntes el dibujo de un pájaro en pleno vuelo. A partir de entonces se dedicó al estudio de lo que él entendía como el Libro de Astronomía más grande del Mundo.

Su alumna, Maria Reiche, continuó la labor de su maestro cuando éste volvió a su país, estudiando, limpiando con esmero y dedicación las líneas, descubriendo más dibujos, dando su vida a desvelar el misterio de una de las obras más bellas y enigmáticas que ha realizado el hombre.

Fue ella quien llegó a la conclusión de que se trataría de un calendario astronómico gigante que marcaría las estaciones del año y otros acontecimientos ligados a actividades agricólas de producción.

Sin embargo, lo impactante de la magnífica obra de geometría y astronomía de los Nazcas ha inspirado hipótesis más extravagantes, como la de Von Daniken, quien en su libro “La respuesta de los Dioses”, afirma que serían pistas de orientación y aterrizaje para naves extraterrestres.

 

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[Foto extraída de Iberimage.]

Sin duda, “sauna” es la palabra finlandesa más extendida alrededor del mundo. No en vano, para los 5.1 millones de habitantes de dicho país existen 1.7 millones de saunas, una por cada tres finlandeses. Éstos, desde tiempos muy remotos, al habitar en un entorno climático hostil por sus bajas temperaturas, se vieron en la necesidad de calentar sus viviendas, y revitalizar los tejidos a través de la generación de calor y vapor.

La “sauna finlandesa” es, pues, un baño de aire caliente y seco que se toma en habitaciones de madera que poseen una estufa que contiene maderas aromáticas y, sobre ellas, piedras que al contacto con el agua sueltan vapor.

La temperatura ideal para tomar una sauna es de 90º o 100º. Debe tomarse en dos periodos de no más de 15 minutos, entre los que debe intercalarse duchas frías o inmersiones en piscinas o lagos helados. Se finaliza el proceso un una ducha fría con jabón. El vapor de las piedras y las altas temperaturas purifican la piel, la tonifican y relajan el cuerpo. Por lo que no es de extrañar que desde un inicio se convirtiera en un rito de limpieza espiritual y físico.

La palabra “sauna” existía en el vocabulario de los antiguos fineses que creían que el vapor que emanaban las piedras era el espíritu del sauna llamado Löyly. Al principio el rito consistía en el calentamiento de las piedras y el baño ocasional de vapor en cubiertas similares a las de los indios americanos.

Se tienen evidencias de la existencia en Finlandia de saunas de madera que datan del siglo V: cabañas de una sola habitación donde se cocinaba y tomaba la sauna. Es hasta el siglo XI cuando se separan las habitaciones y se dedica una para la cocina y otra para el rito y la vida diaria. En el XIX aparecen las saunas cerradas de ladrillo, más seguras que las anteriores que eran abiertas y corrían el riesgo de incendiarse. Esto facilitó la difusión del sauna hasta lugares hasta entonces impensables. En el siglo XX, con el crecimiento de los núcleos urbanos, se crean las saunas de uso comunitario en los edificios y las saunas públicas en las que además se ofrecían servicios de masajes, lavadoras y piscinas. Con la llegada de la estufa eléctrica la difusión de la costumbre fue total. Ahora, se suele construir la sauna propia junto al cuarto de baño.

Ser invitado por un finlandés a desnudarse y tomar una sauna debe ser considerado un honor y no debe sorprender. Pero si no se tiene esta suerte, existen algunas saunas públicas en lugares realmente bellos como en Tampere a orillas de los lagos Näsijärvi y Pyhäjärvi.